Por: shirley Fecha: noviembre 18, 2020 En: Sin categoría Comentarios: 0

Una ecuación clave: más planificación, menos incertidumbre, más rentabilidad

 

En un presente que se muestra más dinámico que nunca, con variables que se modifican a velocidad de vértigo y una vida digital en plena aceleración, la necesidad de mantener una planificación del negocio con una perspectiva amplia es fundamental para que las empresas puedan mantenerse competitivas y maximizar su rentabilidad. No se trata únicamente de establecer planes de producción, distribución o de demanda, sino de establecer una mirada holística para entender cómo las diferentes iniciativas impactan en el negocio en términos de ventas, capital de trabajo y otros índices de nivel de servicio.

Por eso, un proceso de planificación inteligente es colaborativo: los planes deben acordarse y consolidarse entre las diferentes áreas de negocios, de manera que, en conjunto y disciplinadamente, todas trabajen de manera sincronizada en dirección al propósito buscado. Los modelos estadísticos tradicionales, que sólo consideraban el comportamiento del pasado de diferentes variables y las proyectaban hacia el futuro, se reemplazan ahora por esquemas que incorporan inteligencia del mercado y se alimentan de información provista por las áreas comerciales, de marketing, de desarrollo de nuevos productos y hasta de finanzas. La idea es responder preguntas tales como: “¿De qué manera variaría la demanda si se lanza un nuevo producto?” o “¿Qué ocurriría si se apunta a un nuevo segmento de clientes al que no nos habíamos dirigido hasta ahora?”.

El COVID-19 puso de relevancia más que nunca la necesidad de mantener una planificación del negocio exhaustiva. Todos los rubros se vieron fuertemente impactados y necesitaron generar modelos para predecir adecuadamente el comportamiento de sus productos. Las empresas de retail, por citar un ejemplo, experimentaron un crecimiento exponencial de los artículos considerados esenciales y, al mismo tiempo, vivieron un viraje notable en el canal de ventas desde las tiendas físicas hacia el comercio electrónico. Y si bien suelen asociarse estos conceptos a las empresas de tipo industrial, la realidad es que los diferentes segmentos pueden obtener beneficios con las prácticas de planificación del negocio.

En líneas generales, es imprescindible cubrir todos los niveles de planificación de la cadena de suministro, tanto los estratégicos como los tácticos y los operativos. En el primer plano se cuenta la capacidad de evaluar diferentes escenarios para decidir las inversiones de largo plazo en términos de infraestructura, capacidad de almacenamiento y de producción o configuración de los centros de distribución para soportar nuevos niveles de demanda, crecimientos regionales o expansión hacia nuevas geografías, por citar algunos de los ejemplos más comunes.

En el segmento táctico, los análisis apuntan a mejorar eficiencias y capturar oportunidades en lapsos más breves, por ejemplo, a través de análisis mensuales que detecten limitaciones a lo largo de la cadena de suministro -algo que ocurrió con notable frecuencia durante los primeros meses de la pandemia, por ejemplo- o producir consensos con los proveedores en términos de suministro, producción o inventarios. Por último, el plano operativo apunta a mantener la operación de manera óptima y responder con rapidez a cambios que se produzcan en el corto plazo, con una observación semanal y hasta diaria de los indicadores que permitan identificar cambios importantes en el rumbo del negocio.

Por supuesto, la visibilidad de los indicadores clave, tanto en términos de ejecución como de desempeño en términos de niveles de inventario, servicio o capital de trabajo, es lo que permite entender si se están logrando los objetivos con los planes trazados y efectuar acciones correctivas o ajustes de ser necesario. Si la demanda no se comporta de acuerdo con lo esperado, si una materia prima no llega a tiempo o si la planta de producción exhibe alguna falla inesperada, las capacidades de simulación permiten evaluar rápidamente alternativas para seleccionar la más apropiada en pos de reducir el riesgo y minimizar el impacto.

Los tiempos dinámicos exigen agilidad. Los planes estáticos no tienen cabida en la economía digital. Las empresas inteligentes son aquellas que, de manera veloz y colaborativa, observan el contexto en tiempo real y saben girar el timón para no solo evitar las tormentas, sino también para aprovechar los vientos que las llevarán a buen puerto.

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